Roberto y su perro Rumbo, la historia de un pibe de la calle que da la vida por su compañero

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Una cucha plástica azul y blanca sobre un carrito de supermercado acobija a un perro que mira tranquilo a la gente pasar por la esquina de 7 y 47. La mayoría de los transeúntes esbozan una sonrisa y leen el cartel que pide plata o comida. Casi nadie gira su cuello para preguntarse por su dueño, un joven llamado Roberto que estuvo 17 años en la calle y asegura que Rumbo le salvó la vida.



“Nosotros vivíamos en Los Hornos, quedé en la calle desde el día en que murió mi mamá”, contó Roberto a Blanco sobre Negro. “Viví muy mal, me costó mucho levantarme de la muerte de mi vieja, me quería matar, era cualquier persona, me peleaba, no sabía qué hacer”, siguió.

Rumbo entra y sale de la cucha con increíble facilidad pisando en los huecos del changuito. “Yo no tengo a mi mamá pero tengo un hijo que es mi perro que lo críe de chiquito, lo encontré hace 8 años abajo del puente de Ringuelet y me cambió la vida”, aseguró Roberto.

La popularidad de Rumbo es tal que hasta se armó un grupo de Facebook pidiendo ayuda para él y su dueño. “Siempre paré en el centro y la gente siempre me ayudó de corazón porque yo tengo fe y esperanza por eso me gané el cariño”, comentó el muchacho.

“Estaba abandonado en una caja de zapatos y me hice cargo. Él me sacó de la calle y yo lo saqué a él. Ahora estamos en una pensión, tenemos un lugar calentito donde dormir y sólo salimos para pedir una colaboración de la gente para que no le falte nada”, agregó.




El amor de Roberto por los animales no se reduce únicamente a Rumbo. A pesar de que no le sobra nada, una parte de lo que recauda también la usa para dar de comer a otros perros de la calle. “Si puedo les tiro algo para taparlos y les doy de comer. También ayudo a encontrarles hogar a otros perros abandonados. Busco gente que sepa cuidar bien, les pido que los traten bien”, relató el joven.

“Desde la navidad que no estoy más en la calle porque entre en una pensión. Me cobran 1.500 pesos por mes y por eso trato de conseguir la plata. El Estado no me da nada, antes tenía un plan pero cuando vino Macri se me cortó y no lo pude recuperar. No era mucho, eran 1.200 pesos pero me ayudaba”, contó y agregó: “Me acerqué a varios lugares pero me dieron vueltas”.




“A mí me pueden ayudar con plata, o alimentos, frazadas, platos o vasos también para tener donde comer. Yo creo que no es malo lo que estoy haciendo porque no muchas personas que encuentran un perro en la calle hacen algo. Nadie da la cara y menos por un animal, yo por Rumbo doy la vida”, concluyó Roberto.

Fuente: http://www.infoblancosobrenegro.com/
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